lunes, 6 de abril de 2026

La llegada de L4r4 a NotinganPrisas

En NotinganPrisas, las cosas no suelen empezar, simplemente… pasan sin más.

Ese día no había ocurrido nada especial.

Kernel revisaba logs sin mucho interés.
Boss estaba en alguna reunión que probablemente no llevaba a nada.
Y en la oficina, por una vez, no había ruido.

Hasta que lo hubo.

No fue un grito, no fue un problema, fue algo más raro.

Silencio… pero con alguien nuevo dentro.

Nadie vio entrar a L4r4.

Nadie la presentó.

Nadie la esperaba.


Pero ahí estaba.

Sentada en una mesa vacía.

Con una mochila abierta.

Y un ordenador desmontado delante.


— “Disculpa, ¿De qué departamento eres?” preguntó Boss.

— “No se como lo llamáis aquí... ¿Cacharrería?”, respondió sin levantar la vista.


Kernel tardó unos segundos en darse cuenta.

Cuando lo hizo, se levantó despacio.

Se acercó.

Observó.


No tocó nada.

Solo miró.


— “Ese equipo funcionaba”, dijo.

— “Funcionaba mal”, respondió L4r4.

— “Como todo aquí , funciona pero funciona mal”


Pausa.


— “¿Qué crees le pasa al equipo?”, preguntó Kernel.

— “De todo”


Kernel asintió lentamente.

No era una mala respuesta.


— “¿Quién eres?”

— “L4r4”

— “Eso ya lo sé. ¿Qué haces aquí?”

— “Acompañarte en este caos.”


Silencio.


Boss se acercó, como siempre, con una mezcla de calma y confusión.


— “¿Quién es ella?”

— “No lo sé”, dijo Kernel.

— “¿Está contratada?”

— “No lo sé”

— “¿Entonces por qué está aquí?”

— “...”

Pausa.


Kernel miró el equipo.

Luego a L4r4.

Luego a Boss.


— “Porque alguien tenía que acompañarme en este caos.”


Boss dudó.

Un segundo.

Dos.


Luego hizo lo que siempre hace.

Confiar.


— “Bueno… mientras funcione.”


Y se fue.


Diez minutos después, el equipo arrancó.

Más rápido.

Sin errores.

Sin ruidos.


— “¿Qué le has hecho?” preguntó Kernel.

— “Quitar lo que sobraba”


Kernel miró la pantalla.

Luego a L4r4.


— “Eso no suele ser suficiente”

— “Aquí sí”


Pausa.


— “¿Sabes lo que haces?”

— “Sí”

— “¿Siempre?”

— “No”

— “Bien”


Silencio.


L4r4 volvió a su mochila.

Sacó herramientas.

Se sentó.


Como si llevara años allí.


Y, en cierto modo, desde ese día… siempre estuvo.


Nadie volvió a preguntar quién era.

Ni de dónde venía.

Ni quién la había traído.


Porque en NotinganPrisas, cuando algo funciona…

no se toca.


Y L4r4 funcionaba.



miércoles, 1 de abril de 2026

Han pasado unos años


Han pasado unos años

Bastantes más de los que pensaba.

Durante un tiempo escribí aquí sobre el día a día en la oficina, sobre informática, sobre castigar lusers, sobre esas situaciones que todos hemos vivido alguna vez y que, en su momento, parecían únicas… pero no lo eran tanto.

Luego lo dejé, como se dejan muchas cosas, sin hacer ruido, sin un “último post”, simplemente, pasó.


El caso es que todo eso no desapareció del todo. 

Las situaciones siguieron ocurriendo, los “esto es rápido” siguieron existiendo y los problemas… bueno, los problemas nunca se fueron, se hicieron habituales.


Hace poco me dio por volver a escribir, necesito liberar mierda de vez en cuando. 

Lo retomé sin mucha intención, solo por soltar peso y ver si todavía salía algo... Y salió.


No es exactamente lo mismo que antes, porque al final yo tampoco soy el mismo, aunque tampoco es algo completamente distinto, es más bien una evolución natural de aquellas historias.


El resultado es un pequeño libro.

Una colección de historias cortas sobre la vida en una empresa bastante… normal.

Demasiado normal por desgracia, pero muchas de ellas las recuerdo con cariño, cómo "El leucocito más rápido"


Si alguna vez leíste este blog, probablemente te suene familiar el tono, si no, no pasa nada, esto funciona igual que siempre.


Durante años escribí aquí con un nombre que algunos recordaréis, CatLart, ni siquiera recuerdo de dónde salió el nombre. 

Supongo que, igual que las historias, también tenía que evolucionar un poco.

Ahora firmo como T. Kernel.

Es muy distinto, ahora parezco un gilipollas pero más mayor, aunque en esencia sigue siendo exactamente lo mismo.


No sé si esto lo leerá alguien, seguro que algún Bofh de la vieja escuela aparece aunque sólo sea para dejar un insulto cariñoso, pero ya han pasado muchos años. Seguro que algún padawan de aquella  época ahora es un experto Bofh con ganas de prender fuego, golpear con un teclado o enseñar a otros cómo se hace un LART con lo que tenga más a mano.

Pero si al final lo acabas leyendo, y en algún momento piensas “esto me ha pasado exactamente igual”… entonces habrá merecido la pena.


La vida en la oficina: Historias que no deberían pasar… pero pasan